31.1.07

dieta y libros

Estar a dieta es un lujo estoico. Es una maravilla. Cansado de comer solo lo saludable y poco calórico, los pedacitos de jamón en una ensalada de hojas verdes me dan tanta alegría que me siento tentado de llorar. Casi lo haría algunas veces, si no estuviera en el trabajo. Hacer dieta es extraordinario, ser estoico lo es, si uno se lo puede permitir. Hacen falta determinadas condiciones socieconómicas, claro. Yo las reuno. No es para cualquiera esto de disfrutar de privaciones programadas.
Ni hablar de lo bien que se siente uno cuando además va al ginmasio. A comprar cansancio, lei por ahi en un libro de un marxista argentino que me aburrió. El cuerpo está delgado y algo (no demasiado) musculoso. Comienza a parecerse a la divina proporción, pero con solo dos brazos y dos piernas, por suerte. Y para mejor, funciona bien: agil, elástico, sin dolores: La piel está mas suave, menos grasa, por comer sano, tersa, ciñéndose al músculo abombado por el ejercicio.
Además dejé de fumar, asi que ya no me agito en las escaleras.
Igual hoy rompí la dieta, y que lindo es hacerlo disciplinadamente, en ocasiones expresamente pautadas. En uno de esos restaurantes españoles de Avenida de Mayo (es desagradable el vocablo “bodegón”) compartimos, Julia y yo una tortilla casi del diámetro de una pizza (bien babé, con chorizo colorado, obvio) un abadejo grillé importante. También nos sirven una ensalada que condimentamos y luego ya no volvemos a tocar.
Y si uno se colma de felicidad con los pedacitos de jamón en la ensalada, imagínense con esto. No hay palabras. Sonrisa boba de felicidad sin dobleces, lo explica todo perfectamente.
Vuelvo al trabajo caminando, siempre por Avenida de Mayo, atontado por la comida copiosa, por las escasas horas de sueño de la noche anterior, por la copita de jerez del principio y la licor de la casa del final. En una librería me compro uno de Sharpe, no se bien para que. En otra “Los relatos”, de Giuseppe Tomasi de Lampedusa. Me hubiera comprado tambien “Los miserables” en cuatro polvorientos tomos, pero pensé en cuando carajo tendría la paciencia de releerlo, y en el precioso lugar que ocuparían esos cuatro mamotretos en el departamento, y lo dejé.
A propósito, la lista de pendientes ya me da miedo, a veces tengo pesadillas en las que me muero (o me quedo ciego) sin haber leido siquiera los que, en la espera, son prioridad, a saber:
Pastoral Americana, de Roth
La rebelión, de Roth
V. y Arco iris de Gravedad, de Pynchon
Carpe diem, de Bellow
Servidumbre humana, de Somerset Maugham (¿Somerset es nombre o apellido?)
La edad de la inocencia, de Warthon
Menos que cero, de Easton Ellis
Quid pro quo, de Bufalino
Atentado, de Nothomb
Los siete pilares de la sabiduría, de T.E Lawrence
Absalom, Absalon, de Faulkner
La muerte en Venecia, de Mann
Imposturas, de Banville
Narrativa breve completa, de Gallardo
Las correciones, de Franzen

Y hay algunos otros que ahora, haciendo la lista de memoria, se me escapan. Quiero otras vacaciones mas para leer todo el tiempo, y no en los ratos que le rasco al día.

Hago una pausa para un café, releo lo escrito y me digo que despues de tanto tiempo sin pintar por mi blog, podría haber intentado postearalgo mejor. Pero no me sale nada. Nada de nada. Admito que soy un boludo feliz sin tema de conversacion. Esto es por estar nomás.
Y aprovecho para decir que el libro de Banville que casi estoy terminando (El intocable, que compre gracias a la reseña que hizo Quintín en su blog) es magnífico, lo mejor que lei en el año. Bueno, no es mucho decir, recien estamos en enero. Apenas puedo compararlo con un puñado, que a falta de algo mejor que hacer, voy a enumerar:
Hasta que te encuentre, de Irving (Es dificil aburrirse con Irving, el tipo es satisfacción garantizada, pero este me parecio como una especie de gran refrito del material de sus novelas anteriores)
Santa Evita, de ya saben todos quien (Podría leer casi cualquier porqueria vinculada con Eva -el cuento de Perlongher sin ir mas lejos- pero leer a Tomas Eloy es un fastidio)
La vida exagerada de Martin Romaña, de Bryce Echenique (es divertido, pero se me hizo un poco cuesta arriba por momentos)
Konfidenz, de Dorfman (entretenido, leible)
El abanico de seda, de See (lloré un poco)
Abril rojo, de Roncagliolo (me gustó el final)
Reviso ambas listas y descubro lo obvio. Los que tengo aun para leer son en promedio mucho mas interesantes que los que lei ultimamente. Lo que me indica que quizá debería seleccionar con un poco mas de juicio mis lecturas y no dejarme deborar por ese afán de leer todo lo que cae en mis manos prestado o comprado en oferta.
En fin, esto termina con un ejercicio involuntario de introspección (por llamarlo de algun modo), aburrido e inútil para quien entre a este blog, algo fructífero para quien lo escribe.

10.11.06

a grandes rasgos

Estos días me estuve acordando de vos otra vez, de como nos conocimos y de como nos divertíamos cuando no teníamos un mango. Que feo era cuando no teníamos un mango, ¿te acordás?, no podía entrar a una librería -siquiera la mas pedorra- sin que me doliera la panza por todo lo que no me podía compar. Debe ser por eso que ahora por cada libro que leo me compro cinco, y así en el mínimo departamento que compartimos con Julia ya no queda espacio ni para movernos. Hay libros en horizontal sobre la estantería, casi llegan hasta el techo, y hay libros en la alacena, en bolsas de carton de esas de la ropa de marca, bajo la mesa ratona, en todos los cajones, y en el piso, obvio. Hay uno de Anais Nin, "Pajaritos", pero ese Julia lo puso en la heladera, no se lo que me estará queriendo decir la muy turra. Todo el tiempo me deja mensajes con los libros. Quiero decir: no en los libros sino por medio de los libros. Por ejemplo, al otro día de esa reunión de mierda de mi trabajo nuevo, llena de garcas, donde todas las minas eran auténticas serpientes y ella, hipócrita y encantadora como nunca, las eclipsó a todas y fue la reina del festín, encontré "La feria de las vanidades" entre el bollo de la ropa que habíamos usado para el convite; ahi estaba el bodoque, como diciendome "¿viste? puedo ser Becky Sharp cuando me viene en gana". Por ejemplo, hoy que llegué a casa, listo para escribirte, encontré en el balcon los restos carbonizados de mi ejemplar de "El pasado". Encima lo adivina todo la muy hija de puta, por suerte no me quemó ningún libro de los buenos, sino creo que la mataba.
Bueno, de cuando no tenía plata para libros te decía que me acordaba, pero en fin, que algo de plata teníamos, solo que la usabamos para otra cosa. Para coger, digamosló, que todo lo demás nos importaba menos. Yo vivía con mis viejos y vos con lo tuyos, que al principio se bancaban que yo me quedara a dormir en tu casa, pero despues, a la hora de las comidas, si yo estaba ahí el ambiente se ponía tan espeso... que se yo, nunca me entendí bien con tus progenitores, jodido asunto ese.
En fin, que me acuerdo, andábamos de telo en telo. ¿Vos te acordás? nos escapabamos de la facultad, ese cuatrimestre no fuimos ni a la mitad de las clases, cenábamos en cualquier bolichón para no gastar demasiado, y yo ya te iba calentando la oreja mientras comíamos. Para el momento de pagar vos ya te mordías el labio de abajo medio así y me decias "me estoy mojando.." y ya estabamos los dos mas calientes que negra en baile, asi que enfilábamos para algun hotel mediopelo de once o de la zona de facultad de medicina, a veces (y con suerte) alguno un poco grasa de recoleta o, eventualmente, Belgrano. En cualquier caso, n
inguno que costara mas de treinta o cuarenta pesos (alguna vez, en plan de festejo quizá nos permitimos un hidro o una ducha escocesa). Pero claro, tampoco uno en el que hubiera sabanas sucias, gente jodida o cucarachas (a vos te hubiera chupado un huevo, eras tan desprolija como nadie, y si bien no eras sucia te tenía bien sin cuidado la mugre ajena, y en cualquier caso, a compañias peores estabas acostumbrada -la de tu viejo y tus hermanos sin ir mas lejos- pero yo era entonces tan cagon y remilgado como lo soy ahora).
A veces teníamos que caminar veinte o treinta cuadras para dar con alguno que cerrara con el perfil (el taxi, un lujo imposible, y los bondis, nunca supimos cual paraba acá o allá o para donde carajo iban). Veinte o treinta cuadras caminando con la pija dura, llevando el bolso cruzado del lado de adelante para que no se notara. Y vos encima , hija de puta, en un semáforo o un cruce aprovechabas para franelearme, solo por hacerme sufrir.
Cuestión que llegábamos, pagábamos y casi que nos ibamos sacando la ropa por el pasillo, camino al cuarto. Ni habíamos corrido el pestillo de la puerta y yo ya te estaba manoteando una teta o mandandote los garfios por debajo del vestido, que desesperado que estaba.
Te voy a decir la verdad, mucho después, con otras minas, he garchado mejor que esas veces, he disfrutado más, incluso con Julia hemos llevado el asunto a extremos de placer y refinamiento en la práctica mucho mayores, pero en cambio, no recuerdo que nunca más haya garchado con tanto desenfreno y frucción, como animales, como los perros. Jadeantes, sudorosos y olvidados de todo, una y otra vez, y otra vez mas, cogíamos hasta que a mi me dolía la pija o hasta que me quedaba idiota de cansancio. Hay que decir que por la época eyaculaba bastante pronto, pero también que eso nunca fue obstáculo para que gozáramos los dos. Cierto exceso de energía, cierto ánimo bestial, compensaba con creces cualquier eventual falta de pericia.
Pernoctábamos y al otro día, despues de acabarnos el desayuno (que a veces era un auténtico asco y ni nos enterábamos) nos echabamos otro polvo, y generalmente despues nos peleábamos por alguna idiotez para reconciliarnos al rato, y terminábamos llorando abrazados y desnudos, en la cama hecha un desatre en la que, casi en trance, nos hacíamos toda clase de juramentos de una eterna vida juntos (y ahí uno de los dos mentía un poco, y no eras vos). Y de ese sopor de tristeza y promesas nos sacaba la voz agria del hombre o la mujer de la recepción, que nos hacía saber que eran las doce menos diez del mediodía y que en breve nos vencía el turno, y yo (siempre atendía yo) le decía que ya ibamos, y volvía a entregarme al sopor triste otro rato. Diez minutos después los de la recepción volvian a la carga, ya con tono mas perentorio, y entonces nos teníamos que vestir a los pedos, y salir sin siquiera bañarnos, desgreñados y apestando a sexo, todo para que nos nos cobraran el recargo.
Al salir, la luz del día nos parecía un desatino, un aborto de la naturaleza (decime vos en cuantos de los cuartos de hotel en los que dormimos había ventana, yo creo que en uno de cincuenta), no entendíamos nada y por un rato nos quedábamos así, en la puerta, confundidos, viendo los chicos que volvían del colegio, las jubiladas y las mucamas con el carrito de la compra, los diarieros ofreciendo cansinos una mercadería que a esa altura ya era vieja. No sabíamos que carajo hacer, no sabíamos como empezar un día que nos había sacado varias horas de ventaja.
No nos queríamos separar aun, eso estaba claro, así que vos llamabas al trabajo y decías que estabas enferma, y siempre te creían (ventajas de que el jefe esté caliente con uno, que le dicen). Yo no tenía ningún trabajo, salvo algunos alumnos a los que les daba clases particulares de inglés, pero los pibes ya estaban acostumbrados a que los colgara, algunos hasta me hacían la gamba y no les contaban a la madre.
Despues comíamos algo por ahí y nos pasabamos la tarde entera caminando por el barrio que nos tocara en suerte. Mirábamos vidrieras, nos metíamos en un Musimundo o en una librería a sufrir un rato, entrábamos a todos los museos en los que no cobraran entrada, jugabamos a las carreras en los fichines (siempre ganaba yo, pero igual vos no te cansabas de jugar) y caminábamos, por sobre todas las cosas caminábamos y charlábamos, a falta de algo mejor que hacer.
La calentura regresaba, puntual, a las siete, asi que dábamos con nuestros cuerpos baqueteados en alguna plaza, chapábamos ahi y empezaba a no importarnos un carajo de nada. En algun rincón discreto, con el mayor de los recatos, nos mandábamos la mano allá donde no da el sol y nos aliviabamos recíprocamente.
Si aun nos quedaba un mango cenábamos algo por ahí y seguiamos caminando hasta entrada la noche, y nunca nos cansábamos de hablar, o en una de esas nos peleabamos (por una pelotudez, seguro) y andábamos, enfurruñados pero juntos, eso sí, siempre juntos, nunca una puteada en la primera esquina y cada uno por su lado, por mas enojados que estuvieramos, de separarnos, nada.
Te acompañaba hasta tu casa y me tomaba el tren a la mia. En ese viaje no leía, imposible hacerlo. Solo me detenía a pensar, de modo algo confuso, en qué carajo estaba haciendo. Me decía que eso así no iba a ningun lado, que había que ponerse las pilas, que había que organizarse y tener una relación madura, que por mas encajetados que estuvieramos lo teníamos que manejar mejor. Pero que joder, dos días despues te veía en la facultad con tu pantalón azul a rayas y tu escote (que atorranta fuiste siempre para los escotes, me encantaba) y ¡zas! vuelta a empezar...
Días jodidos eran los viernes y los sábados. Ahí el pernocte empezaba tarde (entre las dos y las cuatro de la madrugada). Y con dos horas de turno no hacíamos nada. Además, para esperar estabamos demasiado calientes, y si nos quemábamos las dos horas tan temprano, despues ¿que carajo hacíamos?. Decí que la cosa arrancó en primavera, así que, luego de vencidos tus primeros temores, esos días nefastos terminábamos garchando en los bosques de palermo (siempre con el ojo atento a algún degenerado que se nos quisiera prender en la joda) o mejor aun, en esa plaza de la Avenida Parque, cerca de lo de tus viejos (pocos lugares públicos hay tan adecuados para el amor carnal como esa plaza). Reconozco que vos no lo disfrutabas gran cosa (tan temeraria para otras cosas tan cagona para el sexo en la vía pública) pero yo lo necesitaba tanto...
Bueno, a ese ritmo tu sueldo de todo el mes no nos duraba ni diez días. Mis clases, bien gracias, y algun sablazo le pegaba a mi viejo pero la buena onda se le acabó pronto, sobre todo cuando se avivó de que un billete de 100 equivalía a que yo desapareciera casi dos días enteros y volviera hecho una ruina y sin ganas de explicarle nada a nadie. Que buena mano nos hechó tu abuela en eso, que suerte que tuvimos de que por la época en que nos conocimos y nos volvimos locos ella ya estuviera agonizando y vos tuvieras la banelco de la cuenta donde depositaban su pensión. Ey, ya te imagino indiganada por este último inciso, no te lo tomes a mal, ya se que sufriste mucho la pérdida de tu abuela, la querías mucho, y yo también la hubiera querido si nos hubieramos llegado a conocer, ya sé que fue un bajón. Y no me vas a negar que en eso yo me porté como un duque y te hice el aguante como nadie en sus últimos días (me acuerdo sobre todo, esas noches en vela en la escalera del sanatorio, y la enfermera de tu abuela que se acercaba y te decía si querías rezar con ella, y vos: "No, perdone y gracias pero yo rezo sola").
Y no me vas a decir que antes de eso, mientras ella estaba internada, no la pasábamos genial haciendo mierda la plata de la vieja en telos y restoranes de baja estofa. Reconocemeló, solo gracias a ella tirábamos hasta fin de mes (o casi) garchando día por medio. Y no me lo podés negar, bien que lo disfrutabas, si a veces a media tarde, luego de zafar de la facu, nos hacíamos una escapadita al sanatorio, yo te esperaba leyendo en el bar de abajo, y después, derechito a la pizzeria y luego al cogedero. No se si estará bien o estará mal (el administrador de sus bienes seguro que lo hubiera considerado pésimo, pero vos eras una leona dibujando los numeros, já), en todo caso que nos juzgue dios, si existe y le importamos, pero no me digas que no nos lo pasamos superbién.
Igual, el chorro de esa guita se agotó un mes después de que muriera la buena señora. Pero nuestra sed de sexo no se habia aplacado ni un poco (ya llegaría el tiempo del declive, vino con el invierno siguiente, no sé si lo notaste) así que algo había que hacer. Decí que tu abuela nos siguió dando una mano incluso desde adentro del jonca, que grosa la vieja. Ella no solo te dejó un depto para vos solita en mardel (si tendrás orto, ¿no?), ese que ahora -terminada la sucesión y corrida ya mucha agua bajo el puente- vendiste para poder mudarte con el fulano ese del que prefiero ni acordarme, sino también algunas cositas para que las hicieras plata en caso de necesidad (en serio, la vieja era una genia, lo entendía todo). Estaban las piezas de porcelana esas, que pudentemente te había aconsejado vender de a una en los negocios de antigüedades de Suipacha. Unas piecitas de un oro medio pedorro también, con las que entrábamos a todos los locales de Esmeralda hasta que alguno se distraía y no les hacía la prueba esa de la lima y el líquido negro, y las terminaba pagando por algo más de lo que valían.
A vos te costaba desprenderte de esas cosas, por el valor sentimental que les asignabas digamos, y convengamos que nunca te presioné, pero tarde o temprano la calentura podía mas y las terminábamos haciendo guita.
¿Te acordas de la estola de visón? Esa al final no la vendiste, pero pocas cosas nos han hecho divertir tanto. ¿Te acordas o no?. Como no teníamos idea de cuanto nos podían llegar a dar, entramos a ver cuanto costaba una nueva en todas los negocios de Florida. Y a todas esas vendedoras hipócritas y rastreras, que nos dejaban pringosos con el almíbar de su falsa gentileza, les hacíamos el verso. Que yo estaba buscando una estola así y asá para mi abuela que cumplía no se cuantos, y vos te la probabas, y que divinos los nietos que le van a hacer un regalo bárbaro a la abuela. Y a cada lugar que entrabamos el verso adquiría nuevas dimensiones y salíamos del local cagándonos de risa. En serio che, que nos cagamos de risa con eso toda una tarde y la pasamos tan bien...
Y en plena calle Florida, de repente, nos miráabamos a los ojos y nos olvidábamos de todo, pensábamos que eramos tan especiales, que eramos el uno para el otro, el amor nos desbordaba, nos dabamos un beso hermoso en mitad de la peatonal. Que lindo era, lo pienso ahora y lloro un poco ¿sabes?. Esos eran los tiempos en los que nos decíamos "te amo" cada cinco minutos y la vida tenía tanto sentido que la alegría de estar vivos nos hacia doler el pecho. Que tarados.
Así duró.
Es cierto, cuando nos enfriamos un poco hasta se convirtió en una relación estable, agradable, amena incluso. Todas palabras repulsivas para referirse a una historia de amor, ¿o no?. En fin, eramos buenos compañeros, nos gustaban los mismos libros, yo pegué un buen laburo y los problemas de guita dejaron de incomodar. En suma, que en el fondo estabamos lo que se dice bien.
Pero aceptémoslo, vos sabes mejor que yo lo que se había perdido. Cualquiera que leyera esto, a esta altura sabría lo que se había perdido. Y en estos asuntos no hay marcha atrás, lo sabe cualquiera.
Las cosas se murieron de a poco, como es de estilo (usaría el verbo marchitar, pero me repugnan las flores y todo vocablo que las evoque). Primero se redujo la frecuencia del "te amo", despues dejo de ser regla implícita el llamado telefónico al menos una vez al día. Al tiempo se me olvidó alguna fecha importante, un descuido entendible, nada del otro mundo ¿o no?. Creo que fue mucho mas serio la vez que no pasé tu cumpleaños con vos porque al otro día tenía tantísimo trabajo, y encima había que madrugar.
Cuando me quise acordar miraba otras tetas y otros culos con demasiada frecuencia. Pero nunca te engañé, ¿eh?, en eso soy consecuente, la fidelidad me importa un bledo, pero la mentira (cualquier mentira, fuera de la profesión al menos) me parece un asco. Te propuse abrir la pareja, coger con terceros, hasta te dije que estaría bueno que empezaras probando vos, que estaba todo bien. No quisiste y me la banqué. Todo bien.
Yo calculo que a esa altura estaba todo mas o menos claro, no me vas a decir que te tomé de sorpresa. Vamos, que si algo te tomo de sorpresa es porque te has resistido a ver lo evidente.
No quiero hablar de los meses fríos, la verdad esa parte démosla por sabida. Ese fue el único invierno malo de mi vida. No quiero hablar tampoco de lo que me costó elegir el bar para dejarte ni de como me quemó ese ultimo beso en la boca que me diste a la fueza cuando nos volvíamos en el taxi. Te dejé en tu casa y le dije al tachero para donde seguíamos. "No voy a provincia, pibe", me contestó. Así que hice tres cuadras mas y me bajé en Avenida Congreso.
Era miércoles. Era madrugada.
Y seguí caminado por horas. Patee Congreso arriba, ni se hasta donde, abrigado como nunca pero sufriendo el frío. Caminé fumando, porque volví a fumar esa noche.
Y a grandes rasgos, eso fue todo.

12.10.06

perfect day

Este post ya no es el que iba a ser cuando pensé en escribirlo. Aunque el título le queda mejor ahora. Antes era un tanto obvio. Ahora tiene algo de autoironía que lo hace mas adecuado para lo que voy a contar.
Ayer despues de un año finalmente fui a hacer ese trámite nada menor que tanta paja me venía dando hasta la fecha. Digamos que el día no había arrancado bien. Que me sentí embotado por la mañana, que tenía el cuerpo dolorido, que me costó levantarme, que camino al colectivo me llevé un poste por delante de puro idiota. Nimiedades.
Pero digamos tambien que por la tarde, concluido el mentado trámite, entré a una librería que me quedaba de paso. Y gloria de glorias, encontré ahi ni bien entré, un libro por el que ya me había aburrido de preguntar, en esa misma librería y en tantas otras. "Middlesex" de Eugenides, altamente recomendado por varios recomendables lectores, incluida la señorita Sensini, en la oportunidad en la que honró mi anterior blog con una única e ilustre visita, altamente disfrutados los fragmentos a los que pude acceder en el blog de las lectoras.
Sobre las dificultades de encontrar libros de este autor en los ultimos tiempos, no hace falta ilustrar a los habituales de librerías porteñas. Los que no sean de esta clase, en cualquier caso, dificilmente entenderán lo que estoy contando.
Pero ciertamente, ahi estaba "Middlesex", nuevito además, de milagroso y reluciente amarillo huevo y por solo 39 pesos, aun cuando yo me encontraba dispuesto a soltar por el lo que quisiera el cobrar vendedor .
Luego de pagarlo, y demorando deliberadamente el placer de comenzar a leerlo en cualquier bar, crucé Las Heras para conocer por dentro ese llamativo edificio de estilo neogótico (corrijanme los arquitectos) sin cúpula, frente al que tantas veces me tomé el 118. Ese que, entiendo, es sede de alguna facultad de Ingeniería o algo por el estilo. Y ya que estaba con ganas de caminar despues di unas vueltas por la zona, y de pasada compré tambien en otra librería de por ahi un libro de un tal Sebastian Faulks, de quien desconozco todo, salvo que el ejemplar del libro que adquirí es decididamente feo, tan feo como puede hacerlo la editorial que saca a la calle la revista Gente. Pero despues de todo, tenía el tenue recuerdo de haber escuchado a alguien elogiandolo, estaba en oferta y, principalmente, sintiendome tan afortunado me creia incapaz de errar. Por razones mas o menos similares me llevé tambien uno de Loriga.
Asi pues volví a casa, me hice un cafe, puse un disco, mandé a la mierda a Palahniuk a la mitad de "Asfixia" y me devoré de un saque las primeras cuarenta páginas. ¿Y saben que? me gusta, mucho mas incluso de lo que esperaba.
Y me sentí lo suficientemente contento como para escribir un post al respecto. Un post que no le iba a interesar a nadie, solo a mi que tenía ganas de contarlo.
Hasta que se me ocurrío hojear un poco mas el libro mientras fumaba un cigarrillo. Me resultó un poco raro ver a la pasada unos considerables espacios en blanco. Asi que empecé a mirar con mas cuidado. Para ser minucioso en el dolor: las páginas 98, 99, 102, 103, 105 106, 110, 111 114, 115, 118, 119, 122, 123, 126 y 127 están en blanco, faltan. Me gustaría pensar que es una broma del autor, al mejor estilo Laurence Sterne, pero es dificil creerse semejante cosa. Me gustaría pensar que lo puedo cambiar en el local, pero de pedo tenían ese ejemplar, no va a haber otro en siglos. Y no lo voy a cambiar por otra cosa, eso jamás. Esta version fallada es, en cualquier caso, mejor que nada. Y tampoco se aun que carajo voy a hacer cuando llegue la página 98. Es claro que voy a leer hasta ahi. Es claro que me resulta sumamente incómodo tanto detener la lectura en ese punto a la espera de que aparezca otro ejemplar como seguir leyendo habiendo salteado ese número considerable de páginas.
Algo similar me había pasado hace no mucho tiempo con "La montaña mágica". Trescientas páginas llevaba Hans Castorp devorando con la mirada, en silencio, a Cladvia Chauchat. Y cuando finalmente conversan, la noche anterior a que ella abandone el sanatorio, ¡El dialogo entero estaba en francés! ¡Páginas y páginas en francés!. El traductor no se habia dignado a pasarlas a la lengua castellana en una nota al pie. Claro, era una edición para gente culta, traducida directamente del aleman, no como la otra porqueria que se consigue en las mesas de saldo, recortada, feamente traducida del francés, y no directamente del alemán. En esta edicion no apta para ignorantes como yo, allí donde el autor escribió en francés en la edicion original, alli solo francés habrá.
En fin, ese problema tenía una solucion sencilla. Me bajé de internet una version traducida de la edición francesa y santo remedio, con cierta demora pude saciar mis ansias.
¿Pero ahora?. ¿Donde carajo consigo una edicion degital del libro de Eugenides, siquiera en ingles? Si fuera asequible ya la tendría.
Ahora a duras penas puedo evitar un regusto de amargura cuando lo leo, me sucedió ya esta mañana, en el subte. No puedo evitar una leve punzada en el estomago a medida que me acerco a la página 98, el primer blanco, el primer agujero negro de sentido.
Creanme que es desagradable.
Realmente lo es.
Perdonen este exabrupto lastimero. Es todo lo que tengo para decir.

2.10.06

progre

Sabiamos que era una comida de mierda, nos lo habia avisado mi suegro. Pero el dueño de casa es amigo y no da para cagarle la comida, el tipo no pudo dejar de invitar a cierta gente y no tiene porque responder ante nosotros por sus relaciones.
"Ok" digo yo, que la verdad tengo mas ganas de quedarme en el cuarto de hotel leyendo, pero no tantas como para hacer frente a la cara de orto que pondrá Julia si me quedo.
Asi que vamos, los cuatro: mi suegra siempre tan sensata, de razonable buen talante; mi suegro parco pero cortés, conforme al estilo que le gusta gastar; Julia temiendo por mi humor; yo, temiendo por mi humor.
A los osados ayuda fortuna, a mi no, al menos no en la distribución de asientos. Quedo frente a quien en las explicaciones previas que me fueron dadas fue sindicado como uno de los principales personajes desagradables de la noche. Cincuentón, "empresario" de clase media, pro milico, escasamente instruido en cuestiones sensibles, hablador quejoso, un rezongón agrio, siempre dispuesto a blandir su indignación, a soltar incontinentemente sus opiniones furcias. Bueno, no me lo describieron así ,claro, pero tampoco tan distinto, y esa es la impresión que llego a formarme a poco de estar sentado a la mesa.
No me gusta lo que sirven de entrada (que raro), no quiero tomar vino porque despues no duermo en el viaje (salimos a la madrugada), no tengo cigarrillos y no hay a quien manguearle (Julia no fuma delante de los padres). Asi que no hay mucho que hacer, y ya saben como me molesta estar callado.
Asi que tras la sumaria conversacion que cruza con mi suegro el indeseable se entera de que tanto Julia como yo somos abogados, y por mera contigüidad supongo, elije dirigirse a mi para continuar la charla (pienso que no debo parecer abogado asi vestido a desgana, con esta barba y estos pelos, con la cara de pendejo loco) y me dice "asi que abogado, igual que mi sobrino... trabaja en el la parte de legales del eichesbisí, el banco, viste? (y me dice el nombre del mentado sobrino esperando que lo conozca como si uno pudiera reconocer alegremente a todos sus colegas por las mentas) siempre le gustó la parte empresarial" (que bueno! una rata igual que vos, cooptada por el sistema, cuanto me alegro). "Y vos a que te dedicas?". Le digo que trabajo en un programa de fortalecimiento institucional de una ONG... (hasta ahi mira con cara de no entender, asi que sigo la frase y le digo -adivinando el gesto hacia el que me dirijo- que hacemos un monitoreo sobre la actividad de una comision parlamentaria, encargada de...). Y a esta altura ya empieza a entender, no exactamente que hago, pero si de que palo vengo a ser, en una palabra, de alguna manera lo que le digo le suena a speech zurdo clásico, la respuesta lo decepciona. Es un tipo algo educado despues de todo, pero los reflejos le fallan y por un momento se le pianta el gesto de desprecio, luego lo domina y mientras mi frase queda en veremos vuelve a hablar de su sobrino y de su actividad, puesto que parece ser él el que hace algo serio con su título. Pienso en que mi mamá no estaría tan en desacuerdo con esta idea -supongo que eso explica la pequeña arcada ácida que me sobreviene, porque todavía lo probé bocado. Algo impide que este infeliz interrogatorio se haga extensivo a Julia (que no ha escuchado nada, pues mira para el otro lado lidiando con una vieja que debe ser igual de chota, pero que como tema prefiere el recuerdo de como era mi mujer de chiquita y todas esas pelotudeces con las que se entretienen las viejas). Alguien llama al indeseable desde el otro extremo de la mesa. Para cuando vuelve, ya me entretengo en la disección del plato principal, con la mirada fija en los dibujos del mantel. El indeseable saca a relucir un tema del que evidentemente le gusta hablar: lo bien que está Salta (provincia en la que hoy en dia reside y donde tienen sede sus negocios), de la excelente gestion del gobernador Romero (si claro, el compañero de formula de Menen en el 2003, de ese Romero habla. Ahora si lo escuchó Julia, y se le ve en la cara que ya está indignada con el tipo, pero no es buena confrontando, esa es mi labor, yo soy el boga peleón y discutidor del que ella se enamoró, asi que me mira esperando que haga algo. Pero a mi me faltan las fuerzas, que quieren que les diga. Aun así hago tripas corazón e intervengo en la conversación señalando -con el tono irónico/falsamente educado/burlón que tan efectivo resultaría en una disputa porteña- que las comunidades aborígenes de la region no deben ser de la misma opinión (aclaracion necesaria: en Salta, Romero se ha cagado en la propiedad comunitaria de la tierra de los wichis y esta haciendo en ellas lo que se le canta el culo, me gustaria dar mas detalles concretos del caso pero no los sé, esto es todo lo que me he calentado en preguntarle a los colegas que laburaron el tema).
El auditorio es tal como era dable esperar: desfavorable cien por cien. A nadie de los que escuchaban perorar al indeseable parece importarle un carajo la suerte de unos indios de esa provincia lejana de la que el invitado (un viejo conocido de la casa y de los demás convidados) habla tan bien. Asi que me miran, miran a ese porteño del que acaban de tener noticia, el marido recien estrenado de la ex nena de grandes rulos negros que vino con la familia a visitarlos despues de tanto tiempo. Miran con la extrañeza de quien entiende lo que ha escuchado pero no termina de comprender que tiene que ver con la conversación. Es una excelente oportunidad para que el indeseable la emprenda contra esos indios vagos que no quieren trabajar y bla, bla, bla. Lo hace, claro que si, esta gente nunca deja pasar esta clase de oportunidades, en el lugar comun juegan de locales siempre. Asi que son todos vagos ("que impertenencia de su parte no querer dejarse explotar en tu fabrica del orto") asi que esas indias sucias que no se cansan de parir ("y tan útiles y baratas que resultan en cambio como sirvientas, lastima que sean tan ladinas, que haya que tenerlas cortitas") asi que pese a los esfurezos de la administración local la mano de obra deja tanto que desear ("mira vos, hijo de puta"). Me cago dios, pienso todo esto pero no se como decirlo sin que el siguiente paso de la conversacion sea mandarlo a la mierda o decirle que le voy a bajar los dientes. Ya perdí de antemano en esta discusión, y no quiero ser el pendejo impertinente de la noche, a eso me comprometí. Asi que por eso -amen de que me falla el ánimo- paso de discutir. Pero Julia me mira esperando que lo haga, y yo pongo cara de que no vale la pena y que ya tiré la toalla, y ella adopta gesto desencantado y se morfa solita la indignacion. La cosa sigue y pasa y yo me quedé en el molde, la cosa es indigesta asi que apenas como, apenas hablo, apenas soy. La conversacion sigue, alguien habla de un avion con militares que ha caido, no ha habido bajas o heridos al parecer. "Una desgracia sin suerte" dice mi suegro y nos redime a todos. El comentario pasa sin que apenas lo agarre alguno de los presentes, pero nosotros si lo captamos, porque conocemos los modos de ese señor de humor fino y pocas palabras y porque estamos necesitados de consuelo.
No hay de donde sacar energías para resultar simpático despues de esto. En lo que queda de reunion despacho las conversaciones que surgen con monosilabos y muecas de desinterés, me guardo la reserva de estoicismo para bancarme la cara de Julia sin echarme a llorar. En el hotel meto las cosas en la mochila sin ton ni son. Julia ha vuelto a su modo amable y trata de conversar, pero en el fondo de sus ojos leo (o flasheo paranoico) un ápice de desprecio.
En fin, vuelta a Buenos Aires, como era de esperar, sin hablar y sin dormir. Ni la luz ni la concentración me alcanzan para retomar a Leavitt. Mi suegro maneja con la vista clavada en la ruta. Mi suegra duerme. Julia duerme. La radio dice que mañana habrá lluvia en Buenos Aires. Yo la veré desde la ventana de la oficina. Al parecer, las ganas de llorar van a durar un buen rato.

8.9.06

moco

Doblando la esquina me entró a picar la nariz y me la rasqué como pellizcándomela. Advertí que tenía un moco y me lo saque con el índice. Una bolita brillante y pringosa en la punta del dedo. No me gustan los mocos, así que mientras caminaba miraba para un lado y para el otro, buscando con cierta premura donde pegarla disimuladamente. Y entonces que cai en la cuenta de que, en realidad, no hacían falta ni la premura ni el disimulo. Recordé que me dirigía hacia el supermercado. Y en un supermercado esta bien visto tocar. Así que destiné la media cuadra que quedaba hasta el Disco a pensar en que producto iba a dejar mi infame testimonio. Una naranja, un paquete de galletitas de agua, un portarretratos made in china, unas milanesas supercongeladas eran opciones tentadoras. Pero me incliné provisoriamente por una botella de vino de las caras. La idea del pelado dominguero manoteando el Navarro Correas para el almuerzo con el hijo y la nuera, la posibilidad de enturbiar mínimamente la belleza de ese encuentro familiar con mi moco, me llenó de dicha. Así que estaba casi decidido cuando entré. Mas lo primero que vi al ingresar fue... un canasto con libros. Y pense: “nooooo, en un libro jamas, ni loco!”. Pero... ¿ustedes han notado que clase de libros hay a la venta en un supermercado?. Hay que decir que sobraban ejemplares candidatos a un moco.
La primera opcion -que descarté por obvia- fue el Codigo Da Vinci o cualquiera de sus secuelas. La verdad que estaba dificil, me costó decidir, pero solo hasta que visualicé a mi candidato, ahi ya no hubo dudas ni marcha atrás. Un librito nuevo de Jorge Bucay (al menos nuevo para mi) en el que cuenta (o transcribe) conversaciones con sus pacientes (o el público de sus programas, no me quedó claro). Al abrirlo al azar, apareció providencialmente una página que separaba una sección de otra, así que, en ese considerable espacio blanco lo pegué y aplasté bien aplastado.

Y está bien.

Así da gusto ir al super.

de vuelta

Claro, esto no es tan fácil de dejar. Lo debe de saber cualquier blogger.
No era verdad que me fui porque me aburrí de mi blog. Pero me aburrí de mi blog, eso es cierto. Empezó a darme mucha paja la idea de postear; y al mismo tiempo empecé a cansarme de ver cada día el mismo viejo y gastado post al costado de los links que me disponía a revisitar. Pero no borré mi blog por tal razón. Lo hice en realidad porque empecé a sentir mi propia cuota de miedo irracional y de neurosis por culpa de esto. De repente, me sentí como el personaje de ese cuento de Cheever, uno que se ríe de los temores absurdos de los demás (miedo a volar, miedo a los ascensores, miedo a los espacios cerrados) hasta que un dia descubre que a el mismo le dan miedo absurdo e incontrolable los puentes, y que vive en una ciudad rodeada de ellos. Bueno, cabe una aclaración. Mi blog es un espacio desconocido para todos aquellos que me conocen de cualquier otro lado que no sea un blog. No soy de los que invitan a sus amigos y relaciones a ver lo que exhiben en su blog, forma posmoderna de la impudicia, torpeza comunicacional. Por otra parte, no me llamo “fafa” (¿en que estaba pensando cuando me elegi este mote apócrifo?). Tengo un nombre y un apellido que no tengo interés de compartir en este ámbito. No soporto la idea de que las personas que me conocen a través blog, y aquellas que me conocen por cualquier otra via se confundan o superpongan. Quiero mantener una aséptica separación entre ambos terrenos. Quiero ser fafa en un lugar y como quiera que me llame fuera de acá, ese quiero ser fuera de acá. Y nada mas, que joder. Que los espacios se mezclen me atemoriza. Que alguien entre aquí y me reconozca me produce desasosiego. ¿Por qué?. Lo ignoro. ¿Por qué le dan miedo los puentes al protagonista del cuento de Cheever?. No tenia ese miedo al principio. Al contrario, pensé que este espacio era invulnerable, y me di el lujo de dejar caer alegremente una cantidad considerable de datos innecesarios sobre mi biografía. Y un buen día, buscando cualquier idiotez vía yahoo, me topé con mi blog. Claro que no de entrada, había pasado un numero considerable de paginas con listas de sitios relacionados con el motor de busqueda, pero poco importaba, estaba ahí, al alcance de cualquier infeliz conocido que con leer muy poco ya era capaz de descubrir quien escribía. Imaginé escenarios repulsivos: un mail de algún meta-amigo diciendo “así que tenés un blog, che, no dijiste nada”, mi amada buscando su propio apelativo cariñoso en el blog search y encontrando trozos de su historia personal transfigurados en historias de plomeros y de librerías (y otras menos cándidas),mi hermana dejando un comment y avisándome que mi vieja dice que hace mucho no me paso por casa. Claro que esto nunca fue un blog biográfico ni un diario on line. Pero las piezas de mi propia realidad extra blog estaban ahí, asequibles para cualquiera. ¿Y cual es el problema?, cabe preguntarse. No lo sé, lo charlaré con mi analista, pero ciertamente me da horror de solo pensarlo.
Por un momento pensé en sepultar los viejos posteos seudo biográficos con otros nuevos, deliberadamente distorsivos, pensados para confundir a estos amenazadores lectores imaginarios que me conocían de antes. Pero como dije, no estuve muy fecundo en el ultimo tiempo, y no iba a publicar cualquier pelotudez solo para sepultar aquello que, aun presumiblente revelador, se me hacia menos desagradable estéticamente de lo que podía llegar a ser cualquier basura posteada sin ganas. Así que lo borré todo, eso ya lo habrán visto. Y acá estoy de vuelta. Durante esos días con el blog en tabla rasa se me cruzaron demasiadas cosas que tenía ganas de postear, así que decidí volver. Probablemente ni bien termine este posteo se me vayan de nuevo los deseos de escribir, a veces le pasa a uno que no está en vena, y cuando no esta en vena es mejor dejarlo, diría Caulfield. Pero si las ganas permanecen, esto seguirá y habra algunos cambios. Nadie de los que no me conocen lo notará, pero la incorporación de elementos de mi vida personal a este espacio será menos evidente. Por otra parte, tengo la intención de concentrarme en el punto verdaderamente central del blog, hasta ahora insuficientemente tratado.
Aproveché las ventajas que el blogger beta le da incluso al mas inutil de los bloggers y cambié de dominio y de template. El gris está de moda en estos días y este formato funebre y despujado es mucho mas de mi agrado.
En fin, estoy de vuelta, haciendo esto que estimo tan fútil pero que comence a extrañar ni bien decidí dejarlo. Este post, al igual que aquel con las insinceras explicaciones de mi efímera retirada, al igual que todo lo anterior, será borrado. Y empezaré de nuevo. Si me gusta todavía alguno de mis viejos posteos, y lo considero lo suficientemente neutro, lo devolveré a la vida. Mas adelante quizá, vuelva a ser borrado, con todo lo demás, o perezca sepultado por cientos de frívolos ejercicios. En cualquier caso, todo lo que hay aquí –y todo lo que se escribe- está destinado al olvido.